Descripción
¿Que motivó a los primeros pentecostales a dejar su tierra y su parentela para ir a predicar el evangelio? ¿Fama? ¿Riquezas? ¿Algún beneficio material?
Nada de ello. Sin embargo, dejaron sus vidas en la noble misión de llevar el evangelio de Cristo a las alamas perdidas. En sus misiones de muchos días, semanas y meses en algunos casos, simplemente iban en la certeza de que, siendo enviados por el Señor, Él iba a suplir todas sus necesidades. Y así fue en todo el tiempo. Sus viajes eran en barco, en trenes de carga, en carretas de bueyes, en buses, camiones, tractores, en bote a remos, en bicicleta… o simplemente a pie.
Dormir bajo un árbol o en una calichera del desierto, hacer largas travesías bajo la lluvia, navegar en mares embravecidos, soportar el calor, la sed, el frío o el hambre, las enfermedades, los peligros de asaltantes, la oposición de autoridades y aún de religiosos católicos, jamás fueron impedimento para llevar el mensaje de salvación.
Este libro recoge esos testimonios, y nos desafía a evaluar nuestro actual desempeño como herederos de una obra centenaria, donde nuestros antepasados lo dieron todo, mirando al futuro… a un resultado que sus ojos no iban a ver, pero en plena certeza de que sería amplio y generoso.






